Morir de amor

domingo, 5 de febrero de 2012

Deseó morir de amor. En su poesía titulada Vivir de amor hay unas estrofas finales en las que se cambia el vivir por el morir: "Jesús, amarte es pérdida fecunda. Tuyos son mis perfumes para siempre. Cuando salga del mundo cantar quiero: 'Muero de amor'. ¡Morir de amor! ¡Dulcísimo martirio! Y es el martirio que sufrir deseo. Acordad, querubines, vuestra lira, pues se acerca ya el fin de mi destierro... ¡Oh divino Jesús! Haz realidad mi sueño. ¡Morir de amor! Morir de amor, es esta mi esperanza cuando mis ataduras se me rompan. Esa será, Dios mío, mi suma recompensa; no quiero otras riquezas ni otros bienes".
Este anhelo puesto en la cima de sus deseos era como el colmo o el sello supremo a toda su vida. Se le cumplió, efectivamente, muriendo así de hecho, como queda bien demostrado en los Procesos de su glorificación y en otros escritos de sus hermanas. El éxtasis final de su jornada terrena, éxtasis que duró el espacio de un credo, fue el punto exacto en que se realizó en ella lo que san Juan de la Cruz escribe de este final dichoso en ciertas almas y que Teresita había tenido siempre la convicción de que se le concedería.
Cada vez que leía esas páginas de su padre y maestro Juan de la Cruz se afianzaba mayormente en ese convencimiento. Cuenta su hermana Inés: "Me recordaba unas palabras de san Juan de la Cruz: rompe la tela de este dulce encuentro. Siempre he aplicado estas palabras a la  muerte de amorque deseo tener. El amor no gastará la tela de mi vida, sino que la romperá de repente. ¡Con qué ansia y qué consuelo he repetido desde los primeros días de mi vida religiosa estas otras palabras de san Juan de la Cruz!: 'Es gran negocio para el alma ejercitar en esta vida los actos de amor, porque consumándose en breve, no se detenga mucho acá o allá sin ver a Dios'".
En su lecho de muerte había dicho el 12 de julio: "Dios me ha hecho siempre desear lo que quería darme". No la iba a defraudar en este deseo supremo.
De cómo se llega a este tipo de muerte, alguien que escribió muy bien sobre las noches oscuras sanjuanistas en la vida de Teresa de Lisieux, escribió asimismo de un modo muy sugestivo sobre la muerte de amor de la Virgen María y opinaba que la muerte de nuestra Señora pudo perfectamente sobrevenirle porque el Señor quiso comunicarle la visión beatífica estando ella todavía en carne mortal. Esta comunicación era suficiente para hacerla morir, y morir de amor. ¿Sería así acaso la muerte de amor de Teresa de Lisieux? ¿Por habérsele manifestado ya sin velos el rostro de Dios en aquel éxtasis final? Lo creo muy posible.

Fuente: RODRÍGUEZ, J. V., Teresa de Lisieux la soñadora. Doctora para el tercer milenio, San Pablo, Madrid 1997, 91-92.

Reflexión con santa Teresita

sábado, 4 de febrero de 2012

Teresita se abandonó confiadamente a la bondad infinita de Dios; quería ser su "juguete". Es lo que Jesús nos pide: "El que no recibe el Reino como un niño, no entrará en él" (Lc 18,17).

Oremos
Padre nuestro, por intercesión de santa Teresita, te pedimos que derrames sobre nosotros una lluvia de gracias celestiales para que el amor anide en todos los corazones tal como fructificó en el de tu hija. Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
Teresita Carmelita. Design by Pocket